Extraviado en su pasado obscuro y en la incertidumbre de un presente y un futuro nada halagador, Gerardo Vargas Landeros tiene mermadas sus posibilidades de alcanzar la gubernatura en el 2027.
Vargas carga de entrada con el desprestigio del nefasto gobierno Malovista, donde se enseñoreo la corrupción y la represión.
Hay en la sociedad la percepción de no ser un político confiable, proclive a mentir y a traicionar, un facineroso con ambiciones desmedidas de poder.
Aunque simula tener como jefe político al gobernador Rocha Moya, Vargas terminará por traicionarlo, al llegarse los tiempos de la sucesión, en caso de no ser el elegido.
Está claro que el líder trebolista no es parte del equipo político de Rocha, el guía y líder moral de Morena en Sinaloa.
Está claro también que el gobernador, por razón natural, no va apoyar un proyecto político que ponga en riesgo el triunfo morenista en el 2027.
Vargas finca su proyecto por la gubernatura, y así lo propalan sus seguidores malovistas, en el apoyo de la presidenta Claudia Sheinbaum, con la que presume tener una amistad pura y sincera.
La ruta a seguir de Vargas de hecho está llena de obstáculos, empezando por la impugnación de una elección plagada de irregularidades, interpuesta por el opositor Domingo Vázquez, quien dijo que está listo para que el caso se ventile en los tribunales electorales estatales y federales, con posibilidades reales que se reviertan los resultados de la elección.